¿Y qué hacemos ahora con los diccionarios?

Ahí están, en el fondo del aula, un montón de diccionarios de inglés que durante los últimos cinco años apenas han tenido uso entre nuestro alumnado. Han pasado de ser un elemento esencial en el aula y en la casa de cualquier estudiante de inglés a ser un elemento más que conforma el paisaje pero sin una utilidad clara.

Para nuestros alumnos, inmersos en un mundo tan digital que ya nunca habrán recibido una carta en papel y para los cuales la única enciclopedia conocida es la Wikipedia, el diccionario bilidictionariesngüe o monolingüe tiene el mismo valor que el de la enciclopedia en papel o el de una carta en el buzón: el de la reliquia de un pasado que no han llegado a conocer.

 

Sin embargo, entiendo que esto no quiere decir que los diccionarios ya no tengan utilidad en las clases de lenguas estranjeras. Sí la tienen y, me atrevería a decir, que incluso más que en el pasado, eso sí, asumiendo que los diccionarios actuales son digitales y que nuestros alumnos van a acceder a ellos a través del ordenador o, más bien, desde sus móviles.

Y, ¿cuál es su uso entonces? Como siempre tenemos los usos básicos tradicionales: buscar significados de palabras, ayuda en la traducción de frases y expresiones o comprobar ortografías. Además tenemos otros usos de los que solo se benefician los alumnos más avanzados: ayuda en la redacción con los tesauros, búsqueda de vocabulario de una misma familia, consulta de la notación fonética o del origen del término.

Además, la llegada de los diccionarios electrónicos aporta ciertos beneficios frente al diccionario en papel de toda la vida. Nos son accesibles desde cualquier lugar sin tener que llevar un libro encima una vez que siempre portamos nuestro dispositivo móvil, no es necesario conocer el orden alfabético o tener agilidad (que se ha ido perdiendo a fuerza de no ejercitarse) para buscar alfabéticamente, resulta gratuito para el usuario y podemos oír la pronunciación sin tener que conocer notación fonética, que requiere cierta dedicación por lo poco transparente de los símbolos para los no iOLYMPUS DIGITAL CAMERAniciados. Incluso más, podemos elegir de dónde es la pronunciación que deseamos oír o comparar cómo se pronuncia el término en diferentes lugares.

Por todo ello, aunque utilizo ocasionalmente los diccionarios en papel, intento explicarles a mis alumnos cómo utilizar estos diccionarios electrónicos a los que todos podemos acceder a través de intenet y, con ellos, realizar muchas de las actividades que antes llevaba a cabo con los diccionarios de la estantería, al fin y a cabo, ese va a ser el soporte que elegirán si finalmente se deciden a utilizar un diccionario bilingüe o monolingüe en inglés.

¿Debo de conservar, entonces, la estantería de diccionarios olvidados al fondo de mi clase? De momento creo que sí, en el fondo la información que contienen es similar, solo cambia el soporte y, ¿quién sabe si cualquier día nos quedamos sin electricidad o conexión a internet y debemos aun así continuar con la clase?

Bibliografía:

 

 

 

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